La tristeza de Sürüngen 


Sürüngen a un lado de su amigo el árbol que ya estaba seco 


Después de la muerte del viejo árbol, quien protegió a Sürüngen con especial empeño, el chavo se sentía perdido, no sabía hacia donde ir, se sentía solo y desprotegido, recuerden que no solo había perdido a su buen amigo, recién se estaba adaptando a su nueva condición. Se preguntaba porque el árbol, su carnal, le había rescatado de morir en la selva cuando era chamaco para después dejarlo de ese modo. Aunque también sentía cariño por el águila y el reptil que lo acompañaron por muchos años, la ausencia de ellos no le pesó tanto como la del árbol, sentía tan gacho el vacío que dejó en su corazón aquel amigo suyo, estaba muy agüitado y sabía que nadie lo comprendería, a menos que estuvieran en su pellejo. Durante algunos días se quedó abrazado al tronco del árbol, lloraba hasta quedarse dormido y despertaba para llorar, hasta que sintió hambre y decidió levantarse para buscar algo, por fin encontró algo y después de apaciguar la lombriz tomó unos minutos para pensar en las cosas que le dijo su amigo antes de morir: “Te sabrás defender y estarás bien. Ahora vete, en el camino encontrarás alguien que te acompañe. Por favor escarba un poco y busca la lanza que era de tu padre esta te ayudara en tu viaje. No me olvides querido amigo.” Asi que comenzo a buscar la lanza, pero no encontro nada, se dio cuenta que llevaba ya varias horas, pues Sürüngen percibía el paso del tiempo debido a la posición del sol, y cuando estaba a punto de darse por vencido, metió su mano en la tierra y se cortó con la punta de lanza, así que con la otra mano comenzó a mover la tierra que había cerca y por fin la saco. Entre el dolor por la herida de su mano, la profunda tristeza de la muerte de su amigo y emoción de tener en sus manos algo que le pertenecía a su padre se soltó a llorar y de su interior surgieron las ganas de levantarse y emprender su camino para conocer el mundo. No sabía con exactitud hacia dónde dirigirse, pero estaba totalmente seguro de que valía la pena aventurarse para conocer lugares nuevos. 


Sürüngen decidido a dejar su hogar para aventurarse por el mundo 


Moraleja: dolor, vacío y desconcierto nos deja en el corazón los cambios inesperados, pero vale la pena sacar fuerzas de nuestro interior para cumplir nuestras metas, sueños e ilusiones, solo se necesita ser valiente. 


Lo escribió: Paola Caballero 




Comentarios

  1. ¡Hola Paola! Mi comentario: Muy bien hecha la fábula y la interacción con el árbol. Ambientas adecuadamente. Buena ortografía y redacción. Moraleja precisa, aleccionadora y contundente. Las imágenes llevan pies informativos. Saludos cordiales.

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